Pierre Turcotte, Gerente del proyecto y jefe de misión para DID en Port-au-Prince, en Haití
Desde 1987, DID trabaja en Haití ofreciendo sus conocimientos técnicos a una cincuentena de cajas populares fundadas, en algunos casos, hace más de 60 años. Desde 2005, DID ha emprendido acciones más específicas de apoyo para la creación de la primera federación de cajas en Haití, LE LEVIER.
Desde enero de 2009, dirijo el proyecto de Apoyo a las Cooperativas de Ahorro y Crédito Haitianas (ACOOPECH). Intervengo junto a cuatro asesores de DID: Danielle Dumont, Donald Caissy, Roland Tiaba y Charles Girard.
En los años 80 realicé algunos mandatos en el exterior: tres años en la Universidad nacional de Ruanda, con la ACDI, tres años en el Instituto Superior de Gestión Pública de Camerún, con ENAP, y un año y medio en la Sociedad Nacional de Transportes Carreteros en Argelia, con SOFATI. Hasta hace poco ocupé el puesto de vicepresidente principal de la Oficina de proyectos en DGAC, donde actualmente tengo una licencia sin goce de sueldo.
Mis primeras impresiones sobre Haití son más bien positivas. Pienso que este país tiene más para ofrecer que la imagen que pintan los medios de comunicación. Más allá de las catástrofes naturales, las elecciones agitadas, los derrumbes de escuelas y la extrema pobreza, hay también un pueblo creativo, acogedor, con grandes ganas de vivir y en el que uno se siente en familia. El arte es omnipresente: la pintura naif haitiana y la herrería han adquirido una reputación internacional.
Desde el punto de vista profesional, me impresiona el espíritu cooperativista que impera en las cajas populares y la voluntad de los colegas nacionales para implementar la red de cajas y una federación sostenible. Aquí encontramos la esencia del movimiento cooperativista, algo que enorgullecería a Alphonse Desjardins. Tenemos la impresión de revivir la historia de las cajas de Quebec. Por ello, para mí, cooperar es dar acceso a servicios financieros a gran parte de la población que, de otra manera, se vería privada de ellos. Para esos socios, cooperar es proteger lo que han adquirido duramente, acceder a la ayuda cuando la necesitan, obtener fondos para iniciar una pequeña empresa y asegurar su supervivencia y la de la familia.
Estoy aprendiendo criollo (creole) de a poco; esta lengua se parece mucho al francés antiguo (por ejemplo, mosquito se dice marengwen, frío se dice fret). También hay palabras coloridas: mucho se dice anpil, apetito se dice grangou. Hay un proverbio criollo para fomentar el ahorro: « Lajan nan poch pa fè pitit ». El aprendizaje del creóle me permitió relacionarme mejor con los dirigentes, empleados y socios de las cajas, sobre todo las del medio rural.
En cuanto a mi vida personal, mi pareja, Carole, y yo estamos muy felices de nuestra primera estadía en tierra haitiana. Aunque de lejos, seguimos con interés la actualidad quebequense (captamos RDI y Télé-Québec) y nos mantenemos en contacto con nuestros tres hijos, la familia y los amigos. Esa es la belleza de las nuevas tecnologías. ¡Lejos han quedado las cartas cada cuatro semanas y la radio amateur de nuestros primeros mandatos en el extranjero!
Para mí, cooperar en el extranjero es descubrir un nuevo medio de vida, una cultura y valores diferentes, es romper la rutina y abrirse al mundo, es comprometerse en una aventura de la que estamos seguros que saldremos engrandecidos, es dejar las aguas tranquilas de la pecera para adentrarse en el mar abierto y lo que ello conlleva.
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